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Informe N° 35 - febrero 2008

 

FV con programa cultural

 

El Programa FV Cultural desarrolla una serie de actividades destinadas a Arquitectos e Ingenieros, cuyo tema principal es el arte y su conexión con la arquitectura y el diseño.   

 

Para FV la interrelación y la comunicación de las personas en su ámbito laboral son fundamentales en la búsqueda de la excelencia del trabajo en equipo.

Con esta premisa como objetivo nació un “Espacio de arte” dentro de la empresa, que permitiera a los empleados expresarse artísticamente y dar a conocer sus obras al resto del personal. Hoy este espacio forma parte de un Programa más amplio.

El Programa FV Cultural desarrolla una serie de actividades destinadas a Arquitectos e Ingenieros, cuyo tema principal es el arte y su conexión con la arquitectura y el diseño.  

 

Así mismo, FV continúa con el desarrollo de su Espacio de Arte interno, donde los empleados de la empresa o sus familiares directos exhiben sus obras y lleva su Espacio de Arte itinerante fuera de la empresa, con exposiciones abiertas a todo público.

La muestra que se presentará en el Centro Cultural Recoleta es el resultado de esta experiencia en la que FV decidió apostar. Reúne la obra de los artistas participantes del Espacio seleccionadas por el curador Jorge Zuzulich

 
 

La apuesta por la diversidad

Si hay algo que, felizmente y en contraste con las sugerencias de la sociedad de consumo, sigue sosteniendo lo artístico es la apuesta por lo diverso. Dicha heterogeneidad se sustenta tanto en las propuestas temáticas como en la configuración material de esas producciones que, a pesar de lo dificultoso de su definición, seguimos denominando obras de arte.

En tal sentido, las obras que constituyen la muestra “Arte en la empresa” dan cuenta de este sentido de lo disímil que aparece como constitutivo del campo artístico actual.
Es así como, Ana María Monti presenta una instalación en la que su escala nos interpela, nos obliga a la cercanía con nosotros mismos, en definitiva, nos convoca a sumergirnos en la tarea de restituir los fragmentos integradores de nuestra construcción identitaria.

En tanto que la conformación interna de las obras de Guillermo Montano, Stella Seara y Gastón Petzold, disparan una reflexión que busca impactar en ciertas cuestiones vinculadas a problemáticas contextuales de gran actualidad. Asumiendo diferencias formales, los efectos de la globalización aparecen problematizados con rigor en sus producciones.

Con marcado sentido simbólico, asumido tanto en el dramático cromatismo como en las elecciones compositivas, las pinturas de Seara, prescinden de un punto de vista indiferente e instalan al espectador en la territorialidad de una reflexión necesariamente comprometida.
 

 
“Bush sweet world” y “Lennon’s sweet idea”, fotografías conceptuales de Petzold, despliegan con un profundo sentido irónico las posibilidades, encontradas, de organización del mundo a partir de la tensión entre lo hegemónico y lo utópico.
Extrañamiento es, quizás, la palabra que defina el eje conceptual de las producciones de Montano: mundo idealizado de juegos infantiles que condensan los horrores de la vida cotidiana adulta.

El camino del despliegue formal, es decir, de la posibilidad de centrar el discurso a partir de los elementos constitutivos de cada género artístico o de su hibridación, aparece como otro de los vectores que aglutina el resto de las producciones artísticas presentadas.

Liliana Antonow apuesta por el desborde de los límites del cuadro fotográfico. “Una constante” asume la fotografía como parte de otro dispositivo: la instalación. Dentro de este, el horizonte aparece configurado como tema, instalando la pregunta acerca de la posibilidad de delimitación.

Las producciones de Gabriela Liviero se configuran a partir de la idea de repetición de un número finito de motivos. Pero aquí repetir ya no es señal de lo idéntico, en todo caso, ha devenido sinónimo de apertura hacia lo diferente y, allí, el universo de la rayuela aparece abiertamente resignificado.

Reflexión implica volver sobre sí, por lo tanto la “acción y efecto de reflejar o reflejarse” (Diccionario de la Real Academia Española) implica una vuelta más que una huída o una evocación de lo que no está. De allí que las fotografías de Luis Schweigmann, imágenes de riguroso blanco y negro, retornen sobre sus objetos trastocándolos, producto de su propia dinámica reflexiva.

Las obras de Cristina Hauk se emparentan con cierta tradición fundante de la abstracción pictórica: acento en la bidimensionalidad y un intenso trabajo sobre la forma y el color.
La muestra “Arte en la Empresa”, desarrollada en el marco del Programa FV Cultural, se  constituye como un ámbito propicio para la puesta en acto de la diversidad artística.