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Informe N° 23 - Febrero 2007

 

Panorama macroeconómico y sectorial de este año

 

En esta oportunidad nos abstraemos de la coyuntura y planteamos un panorama general sobre lo que cabe esperar para el año que se inicia.

En 2006 el contexto internacional jugó decididamente a favor de la economía argentina. La elevada liquidez en los mercado de capitales internacionales, el bajo costo de financiamiento, los precios sostenidos de los commodities y la tendencia descendente de los precios de los bienes industriales, favorecieron tanto los flujos de capitales hacia los países emergentes así como también nuestros términos de intercambio (es decir, mejoró la relación de precios de exportación-precios de importación).

Durante el año pasado la economía argentina creció por cuarto año consecutivo por encima de 8,5% anual, en términos reales. En cuanto a los precios, el índice oficial que los mide a nivel minorista se mantuvo levemente por debajo de 10% entre puntas, favorecido por los controles que puso en marcha el gobierno nacional. En cambio, los precios libres arrojaron un alza de 12,1% entre puntas del año.

¿Qué cabe esperar durante 2007? Las perspectivas son auspiciosas, sobre todo en lo que se refiere al crecimiento esperado y a la mejora en los niveles de ocupación y de ingresos de los asalariados. Pero, no obstante ello, la economía argentina enfrenta una serie de factores que implican serios riesgos a mediano plazo. Si bien en el corto plazo no esperamos que tengan un impacto significativo (sólo esperamos que impacten vía desaceleración en la tasa de expansión), deben ser tenidos en cuenta a la hora de definir el horizonte de planeamiento para la toma de decisiones.

En 2007 la economía argentina seguirá creciendo, aunque no podrá sostener el ritmo de expansión de los últimos años. Esperamos que la expansión real alcance a 7%. Esta proyección observa las restricciones operativas y energéticas que surgen a medida que la recuperación queda atrás y el crecimiento depende cada vez más de la disponibilidad de más infraestructura económica y de inversión en máquinas y equipos por parte de las empresas.  

 
 

Contrariamente a lo que debería observarse, cada vez más el crecimiento económico estará basado en la expansión del consumo (privado y público) y de la inversión en construcción, perdiendo importancia las exportaciones y la inversión en máquinas y equipos como dinamizadores. El aporte del sector externo continuará siendo negativo, porque las importaciones seguirán creciendo más rápido que las exportaciones (al respecto, es importante tener en cuenta que durante 2006 las exportaciones crecieron 7% en cantidades y las importaciones hicieron lo propio en 16%, con relación a 2005). La actual política de acuerdos y controles de precios, así como los cambios metodológicos aplicados a los índices oficiales, y la restricción energética, conducirán inevitablemente a una mayor incertidumbre sobre el futuro y a una reducción del superávit por cuenta corriente.

En el caso de la inversión en construcción, esperamos que se desacelere durante el año en curso. Por un lado, como resultado del proceso de corrección de los precios de los activos (que desalentará la especulación) y, por el otro, como consecuencia del diferencial que existirá entre la cantidad total de nuevas unidades en el mercado (producto del boom constructivo 2003-2006) y una demanda efectiva para uso final de la vivienda que crece en forma muy gradual.

La inversión en máquinas y equipos se verá afectada por la incertidumbre política y energética, las cuales reducen el horizonte de planeamiento. Asimismo, las expectativas de desaceleración gradual del crecimiento hacen necesaria una sintonía más fina al momento de decidir la implementación de los proyectos de inversión.

El consumo (tanto privado como público) y la inversión pública tomarán un rol preponderante, esta última decididamente influida por el calendario electoral. El consumo tiene un peso central en el esquema de política económica actual. El dinamismo que tomó el principal tractor del nivel de actividad económica respondió al esquema de subsidios implícitos y explícitos, a la expansión de la economía y al incremento del poder adquisitivo de los salarios. La política fiscal (con debilitamiento del ancla fiscal, ya que el superávit primario descenderá de 3,5% en 2006 a 3,0% del PIB en 2007) y la política monetaria (emisión de pesos para intervenir en el mercado de cambios y sostener la relación peso-dólar) actuarán en el mismo sentido.

 

El BCRA se encarga de sostener el tipo de cambio nominal comprando billetes en el mercado de cambios, para lo cual emite pesos y los inyecta en el mercado. Para esterilizar esta expansión de la masa monetaria, la entidad coloca Letras y Notas entre las entidades financieras. El problema es que esta operatoria no es gratuita y reduce gradualmente el superávit del Banco Central (superávit cuasi-fiscal).

El accionar del Banco Central para sostener la relación peso-dólar continuará durante el año en curso. Las reservas finalizaron en US$ 32.000 millones al cierre de 2006 y esperamos que al final de 2007 se ubiquen en torno a los US$ 37.500 millones. Es decir, creemos que en 2007 el ente monetario tendrá una actitud más moderada en comparación con la que vimos en el período anterior, debido a que contará con menos instrumentos para esterilizar la emisión de pesos (básicamente podrá emitir títulos propios). La divisa norteamericana marcó un valor promedio próximo a $ 3,10 por unidad en 2006 (minorista), en tanto que en 2007 subirá un nuevo escalón y quedará próximo a 3,15 por billete.

En este punto es importante destacar que la economía mundial creció 5% real en 2006 y la inflación registrada promedió 3% anual. El manejo de la política monetaria en el ámbito internacional se diferenció de la local. Los Bancos Centrales de los países que muestran experiencias exitosas en el balance entre el crecimiento y la inflación, han puesto el objetivo de la política monetaria en el mantenimiento de la estabilidad de precios, incluso cuando esto implica enfriar el nivel de actividad de la economía.

No consideramos que la política monetaria doméstica deba buscar enfriar la economía, pero debería limitarse la expansión de los agregados monetarios para que no incentiven el proceso inflacionario. Es decir, debe limitarse a acompañar el proceso de corrección de precios relativos post-devaluación, evitando que las expectativas inflacionarias se acrecienten. Por supuesto que resulta difícil de ejecutar en un año electoral como lo es 2007, porque la política fiscal también será expansiva.

Hasta ahora se logró contener la evolución de la inflación medida por el índice oficial, a través de los acuerdos con los sectores productores y comercializadores  de los bienes que más pesan en la canasta del índice de precios, manteniendo el congelamiento de las tarifas y utilizando el esquema de retenciones y la regulación de las exportaciones de los bienes que más pesan en la canasta básica. Pero en los últimos meses la variación intermensual se ubicó alrededor de 1% (duplicando el promedio del primer semestre de 2006), lo que está obligando al gobierno a apuntalar los acuerdos con la aplicación de nuevas regulaciones y esquemas de subsidios. Más allá de los resultados de corto plazo que logre con estas medidas, los precios minoristas no regulados experimentarán una variación más próxima a 12% anual durante el año en curso (que al piso de 7% establecido en la Ley de Presupuesto Nacional 2007).

En lo que respecta a los ingresos públicos, descontamos que en el corto plazo no habrá cambios en la estructura impositiva que impliquen una menor presión tributaria (con excepción de un posible aumento del mínimo no imponible en ganancias para los ingresos de la cuarta categoría). Esto es así porque en un año electoral hay que financiar un mayor gasto público, y la lucha contra la evasión no genera resultados significativos en el corto plazo. En este contexto, un dato alentador para el sector de la construcción reside en el hecho que una porción del mayor gasto se orienta hacia la inversión en obras públicas.

En materia de ocupación, el proceso de crecimiento proseguirá en 2007. Esperamos una mayor participación de los asalariados en la población ocupada. Pero, el aumento de la ocupación total será menor al crecimiento de la economía, a raíz del encarecimiento relativo del factor trabajo, de las restricciones crecientes para encontrar trabajadores con las calificaciones requeridas y de la necesidad de incrementar los niveles de capacidad productiva para continuar expandiendo la producción. Asimismo, continuará el proceso de crecimiento de los salarios reales y la recuperación de la masa salarial como porcentaje del PIB. No obstante ello, el diferencial entre las remuneraciones formales e informales será mayor al existente.

En este contexto, la reducción de la tasa de desocupación será cada vez más lenta, producto de un proceso de crecimiento económico a menor ritmo y de la menor elasticidad empleo-PIB. En consecuencia, esperamos que la tasa de desempleo real (la que considera a los beneficiarios de planes sociales como desempleados y no como ocupados) recién perfore la barrera de 10% hacia 2008.

 

 

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